
Nuestros saberes, nuestra voz
Nosotros
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SOBRE LA COMUNIDAD
Somos una comunidad Yine que vive en el sureste del Perú, en la cuenca del río Las Piedras, colindante a la Reserva Territorial Madre de Dios y del gran bosque protegido donde habitan los hermanos Mashco Piro.
Aquí vivimos unas 130 personas: algunas permanecemos todo el año en Monte Salvado y otras viajamos continuamente entre la comunidad y la ciudad más cercana, que es Puerto Maldonado. No hay carreteras; el río es nuestro camino, y en tiempo de sequía el viaje puede durar hasta tres días.
En nuestro territorio todavía se escucha el yiner-tokanu, nuestra lengua, pero cada vez menos niños la hablan y muchos jóvenes la mezclamos con el castellano. Pese a eso, queremos contarte cómo es vivir acá, resolver preguntas y dudas sobre las comunidades amazónicas, hablarte de la naturaleza que tantos buscan entender. Aquí compartiremos lo que sabemos, lo que vivimos y lo que aún queremos mantener vivo.


SOBRE EL PROYECTO
Nuestra voz, proyectada, es una gran fortaleza. Durante siglos hemos contado nuestras historias de forma oral, pero muchos de esos cuentos, cantos y conocimientos —guardados de generación en generación— viven hoy sobre todo en la memoria de nuestros mayores.

Este trabajo tiene también una historia de cómo llegó a existir. En mayo de 2024, FZS Perú —organización que trabaja junto a nuestra comunidad en pro de la conservación del Parque Nacional Alto Purús y de la Reserva Territorial Madre de Dios— obtuvo el financiamiento de la fundación del banco alemán KFW que permitió que la idea tomara forma. El proyecto arrancó en febrero de 2025, primero con los sabios y sabias y en abril se sumaron los jóvenes. Desde entonces, cada mes, y durante un año y medio hemos combinado el levantamiento de saberes con talleres en herramientas comunicativas a través de las nuevas tecnologías. FZS Perú facilitó el proceso y puso los medios; las voces y el rumbo han sido nuestros.


JÓVENES PARTICIPANTES
Somos un grupo jóvenes de Monte Salvado. Alrededor de veinte, porque entre estudios y trabajo en la ciudad, rara vez coincidimos siempre los mismos. Cada taller ha sido distinto, creado por los primos o compañeros que podíamos.
A lo largo del 2025, el cineasta Daniel Martínez Quintanilla nos acompañó, y con él fueron llegando otros: Pavel Martiarena, Livia Silvano para el taller de cine, Solischa y Siwar Peralta. Poco a poco aprendimos cosas nuevas: a contar nuestra historia sin que nos temblara la voz, a sostener una cámara, a escribir un guión y después destrozarlo grabando. Pasamos por storytelling, podcast, cine, redes, y en cada taller descubríamos que teníamos algo que decir. Por las noches, la comunidad se juntaba frente al "Cine Kasandra", afuera de la casa de Kasandra, para ver lo que habíamos grabado y reírnos un buen rato.
Lo más difícil llegó en diciembre: grabar a nuestros abuelos compartiendo sus saberes. Cuatro días cargando equipos, convenciendo a tíos y abuelas de dejarse filmar. Carlitos trepó por huito y se llenó de hormigas. Patrick se hizo el enfermo para probar los preparados. Wata persiguió guacamayos con el dron. Escuchamos historias que ni nosotros conocíamos, y eso cambió algo. He aquí lo que salió.



SABIOS Y SABIAS
Unos quince mayores de Monte Salvado participaron en este proceso, cada quien a su manera. Algunos se sentaron frente a la cámara; otros aportaron datos, escribieron historias a mano, corrigieron, tradujeron. Este trabajo tiene muchas manos detrás, y no todas se ven.
Los acompañó Alejandro Smith, educador y lingüista que ha estudiado por muchos años la cultura yine y nuestra lengua. Con algunos ya había trabajado años atrás; otros solo sabían de él por referencia. Se reunieron en abril, junio y agosto, en el salón comunal o en sus propias casas, conversando sin apuro. Así fueron saliendo plantas medicinales, historias de mashcos, cantos, creencias… y también preocupaciones sobre la escuela, la salud, la vida en la chacra. Todo eso también que nos nombra como comunidad.
Una noche, a la luz de la fogata, la abuela Guillermina —la mayor entre nosotros— cantó y contó historias para ser grabada. Lo que aparece en esta web es solo una parte de lo compartido. En diciembre, los jóvenes tomamos la posta: llegamos con cámaras, nos sentamos a escuchar y registramos estos saberes con nuestras propias manos.
CRÉDITOS















